Ciudades inteligentes y residuos

O cómo hacernos la «vida más fácil»

En mi caso tiendo a relacionar una ciudad inteligente a la domótica de una casa, la cual puede ser programada para que haga la vida más fácil a quienes viven en ella.

También entiendo que este “hacer la vida más fácil” se traduce en ganar tiempo, en utilizar el tiempo de otra manera, de una manera mejor aprovechada que gastando algunos minutos de nuestro día en subir o bajar las persianas, en conectar la calefacción o ese simple acto de encender la luz.

Para una ciudad y tal como se lee últimamente, el ciudadano debe aceptar y aportar, es decir involucrarse en el desarrollo de esa ciudad inteligente, absorbiendo y conviviendo con las tecnologías que la hacen “Smart”. Obviamente, este concepto me resulta un tanto utópico, lejano a la realidad, pero no deja de ser tentador.

Pero está claro que mi punto de vista de ciudadano curioso sobre las ciudades inteligentes intenta focalizarse sobre el tratamiento de los residuos que se generan. Y aquí la clave, “los residuos que se generan”, llevo tiempo pensando que centramos nuestro proceder en materia medioambiental en el final de la cadena, en el residuo ya generado, en qué hacer con ese residuo y creo que antes de la generación se podrían tomar medidas mucho más efectivas.

Pero también pienso que es tan utópico como cambiar el proceder de los ciudadanos, porque alrededor de los residuos (envases principalmente) existen industrias muy maduras que dudo que quieran dejar de existir.

En definitiva, actualmente existen barrios en España que gestionan sus residuos a través de tuberías subterráneas que movilizan las bolsas (especiales) de residuos a través de aire comprimido. El sistema, como todos, tiene sus luces y sus sombras, pero al parecer los ciudadanos que disfrutan de este servicio están muy conformes, evitando camiones y sus ruidos de recolección. No tengo información sobre la rentabilidad ni de la eficiencia en la gestión de los residuos recolectados de este sistema, tampoco imagino una ciudad levantada para instalar un sistema de este tipo. Pero está claro que alguien quiso probar algo nuevo y prometedor y lo ha logrado, tanto como si sigue siendo una solución para unos pocos y no para una ciudad completa.

Me temo que la recogida selectiva de residuos se seguirá haciendo con camiones, con contenedores de colores, y con la educación de los niños, y que seguiré escuchando el camión a las tres de la mañana (tengo el sueño liviano). Pero si hemos evolucionado en este sentido, con contenedores mejores, con camiones de brazos robotizados que mueven los contenedores de forma autónoma, seguramente lo sigamos haciendo, y seguro hay un largo camino por recorrer de manera inteligente.

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